edgar ferrer

Por Edgar Ferrer 


He pensado muchas veces que las personas con una enorme habilidad para algo, con una capacidad de desarrollo innata respecto de ese algo, difícilmente vuelcan sus reflexiones en un corpus de desarrollo didáctico o en un método. Es muy habitual escuchar “sabe mucho, pero no es buen profesor” o “toca hermoso, pero no lo sabe transmitir”. Va de suyo que muchas veces ocurre lo contrario: alguien con dificultades para la teoría logra construir un desarrollo metodológico interesante. A lo largo de mi recorrido, pensé más de una vez que los grandes virtuosos en un instrumento no suelen escribir manuales de técnica.

Sin embargo, quienes nos dedicamos al arte compartimos una sensibilidad particular: todo termina girando alrededor de eso que elegimos. En la música, el eje es el sonido. El sonido tiene fuentes, y esas fuentes cambian con el tiempo. En la época de Vivaldi y Bach estaban en auge el clavicordio y el órgano. En el siglo XVII nacía la orquesta a partir de un hallazgo tecnológico clave: la temperación, la posibilidad de afinar los instrumentos de manera equivalente.

Luego vinieron los instrumentos analógicos, más tarde los eléctricos y electrónicos, y hoy incluso la asistencia de la IA. La gama de posibilidades es cada vez más amplia. El soporte puede cambiar, pero el método prevalece.

Luciano Perrone y la independencia del soporte

En este marco se inscribe la experiencia de Luciano Perrone, el querido Lucho. Guitarrista, compositor y docente, desarrolló el método del libro hace años. A pesar de haberse graduado en guitarra clásica, en la presentación de la Segunda Edición del libro en la Biblioteca Nacional tocó la guitarra eléctrica, un gesto que sintetiza la idea de independencia entre soporte y método.

Fue revelador mi encuentro con el método, en el sentido más práctico del asunto. Aprendí que improvisar y cantar es lo más valioso. Después, encontrar la Ur Melodie. Si la encontraste, ya está, se expresa Perrone.

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Y suma: “La cuestión identitaria de la que habla Edgar Ferrer, la cuestión de encontrar la propia voz, también es importante. Yo estudié guitarra clásica y me recibí con Bach, pero me gusta la guitarra eléctrica”.

En la experiencia de Luciano Perrone, ese pasaje de la guitarra acústica a la guitarra eléctrica no implica ruptura, sino continuidad. Habla de un modo de relación con la música que no depende del instrumento, sino de una organización metódica que facilite la creación de manera orgánica.

Método y creatividad, siempre de la mano

“Esto me permitió el método, decir yo estudio guitarra clásica pero me gusta la guitarra eléctrica’. Esa es la búsqueda que intento reflejar», cuenta el músico. De ese recorrido surgió Pan y Sal, que, un disco de piezas para guitarra eléctrica recientemente publicado por el artista. “El nombre se lo puse gracias a la sugerencia de mi compañera, ella es descendiente de polacos. En las culturas eslavas se ofrece pan y sal. El álbum fue un regalo para mi hijo, que acababa de nacer”.

En un artículo anterior hablábamos de la entrega y democratización del conocimiento. Este interés por desarrollar la identidad musical tiene que ver también con mi propia experiencia: organizarme sin perder el contacto con la intuición. Esa aprendizaje dio como resultado la certeza de que con un corpus metodológico para aprehender la armonía y el contrapunto, ese mismo método marca el camino para que la creatividad individual se desarrolle.

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