
Edgar Ferrer, con más de 20 años de trayectoria, le imprime a la música clásica un componente de actualidad: cada vez más público puede disfrutarla.
La música más escuchada que recomienda Spotify o YouTube tiene exponentes de público masivo como Cazzu o Milo J. El sentido común más difundido dice que sus canciones están muy lejos de la complejidad y la riqueza de una orquesta. Más bien dice que ambas expresiones musicales ocupan dos márgenes opuestos en la escala de lo que la música es o debería ser.
Edgar Ferrer, director, compositor y arreglador argentino, se dedica a desmitificar esta dicotomía y de devolver la música clásica a la actualidad: lejos de representar un canon ideal sobre la “pureza” de la música, el movimiento contemporáneo en el que trabaja Edgar Ferrer es el de, por ejemplo, pedir prestados los acordes que una vez crearon, por ejemplo, las Suite para Cello de Johann Sebastian Bach, para crear nuevas versiones y formas de escuchar música popular. La tarea está basada en la exploración creativa y el disfrute, dos pilares fundamentales del arte.
Para avanzar en esta empresa de refuncionalización de sonidos y arreglos, Edgar Ferrer trabajó durante décadas en el desarrollo de un método de enseñanza y aprendizaje destinado a artistas que buscan profesionalizarse en el oficio de la música y componer sus propias obras. Deuda de esta búsqueda activa por conjugar la expresión personal del artista con las convenciones del lenguaje musical nació el método Técnicas de Creatividad Musical, que a posteriori integró un libro con el método estructurado.
Más de 20 años de carrera en la dirección y enseñanza posicionan al artista argentino Ferrer en un lugar atrayente y singular. Los arreglos de orquesta son un ejemplo de la capacidad maleable del sonido: aggiornar registros y sumar instrumentos que a priori “no funcionan” en la música popular genera nuevas piezas creativas, que, a su vez, pasan a formar parte del mundo artístico, listas para nuevas ramificaciones.

Entrevista con el director y compositor Edgar Ferrer
Recientemente publicaste la segunda edición de tu libro Técnicas de creatividad musical, un material con gran repercusión que ya fue presentado en España y en la Biblioteca Nacional de Buenos Aires. ¿Qué significa para vos ver consolidado este aporte a la pedagogía musical?
- El libro es eminentemente práctico: brinda una metodología de aprendizaje en la que cada persona trabaja sacando la música que tiene dentro; es decir, el bagaje cultural de cada uno. Es maravilloso comprobar que personas que vienen de géneros musicales totalmente diversos logran nutrirse con este método y, sobre todo, ganan una confianza renovada en sí mismas.
Tu trayectoria internacional te ha llevado a dictar conferencias y masterclass para doctorandos tanto en el país como en la Universidad de Valladolid y, próximamente, en el Conservatorio de Benevento en Italia. ¿Qué balance hacés de este reconocimiento a tu conocimiento sobre la orquestación en música popular?
En este campo pondero más la posibilidad de brindar mi testimonio y mi experiencia que sentirme un “maestro”. Entiendo que estas convocatorias surgen porque lo que propongo funciona y se plasma en la realidad: se toca. Artistas de diversos géneros me buscan para que el público reciba versiones sinfónicas que realzan el sabor de lo que ya conocen, pero sin tergiversar las esencias. Este cruce entre lo popular y lo académico es una corriente internacional muy importante que hoy abarca desde recitales hasta la composición para cine, series y videojuegos. Estos encuentros enriquecen mi visión y me confirman que las claves de trabajo que utilizamos son las correctas.

Es notable cómo transitás por distintos mundos musicales con una naturalidad extraordinaria; de hecho, Lila Downs, en su primer concierto sinfónico en el Teatro Colón, te presentó ante el público como un “traductor de mundos”. ¿Cómo lográs integrar esos universos de manera tan orgánica?
- Vivo las distintas identidades musicales con total libertad. No solo disfruto de los géneros, sino que me siento muy a gusto con las personas de las diversas “tribus” musicales. Nos divertimos, la pasamos genial y creo que esos resultados se perciben arriba del escenario. Es que la música no tiene fronteras. Dirigir y componer en ambos ámbitos me permite mostrar que la creatividad puede orquestar diálogos entre estilos diversos. En el fondo, incluso en la música clásica, el origen siempre está conectado con lo popular.
Has estado al frente de conciertos multitudinarios junto a figuras como Diego Torres y Miguel Mateos, además de una lista inabarcable de grandes artistas internacionales. ¿Qué impacto tienen estas experiencias de gran escala en tu mirada como artista?
- Todo se resume en dos palabras: celebrar y agradecer. El hecho de participar con la orquesta nos da la posibilidad de que la música original de estos artistas —que ya es amada de por sí— gane todavía más en profundidad y dimensiones. Uno entrega su conocimiento para sumar a una ola que ya es enorme. Me ha permitido constatar que la creatividad de los grandes artistas es capaz de conectar lo más profundo de su corazón con la identificación de las multitudes. ¡Eso es maravilloso!. Este proyecto permite llevar la música a los momentos más importantes de la vida de las personas, pero diseñada a la medida de las necesidades de cada pareja, familia o empresa. Es una oportunidad de transformar un evento cotidiano en una experiencia íntima y grupal a la vez. Una verdadera celebración personalizada.
Como compositor y arreglador, tus obras suelen ser descritas como puentes culturales. ¿Qué lugar ocupa la creación pura en tu día a día?
- Componer es mi manera de dialogar con el presente. Cada obra es un puente entre lo que heredamos y lo que soñamos construir. De la mitología griega recibimos la idea de que los artistas somos agentes de memoria. Le damos caminos a la transmisión de la cultura y a la integración de las comunidades; cada hecho artístico es un rito de encuentro donde, muchas veces, también celebramos el vínculo intergeneracional.
En tu faceta como pedagogo, muchos alumnos destacan la claridad de tus cursos de orquestación y composición. ¿Qué es lo esencial que buscás transmitirles?
- Principalmente, que confíen en su voz propia. La disciplina y la imaginación son aliados inseparables, y mi tarea es darles las herramientas técnicas para que ellos puedan encontrar su propio camino con seguridad.

Tu labor institucional te ha permitido generar acuerdos y colaboraciones internacionales de gran relevancia. ¿Por qué considerás que estos vínculos son hoy más necesarios que nunca?
- Son fundamentales para que la música se proyecte más allá de lo individual y se fortalezca la identidad cultural. En un mundo donde a veces prima el conflicto virtual, el arte y la educación proponen encuentros reales y concretos entre personas y entre sus culturas. La colaboración institucional abre espacios de crecimiento colectivo que son vitales.
Al observar el panorama actual, se nota que tenés una mirada muy atenta a las nuevas expresiones artísticas. ¿Qué figuras o movimientos te resultan inspiradores hoy?
- Me inspiran quienes logran unir seriedad y emoción. Milo J me ha llamado poderosamente la atención por su sobriedad y elegancia para integrar mundos. Lali, Cazzu, María Becerra son artistas con fuerza, frescura, y un territorio propio en su identidad. También Ca7riel & Paco Amoroso, que incluso han sido reconocidos por figuras como Sting, son referencias muy importantes. Por supuesto, estas luces no eclipsan a mis maestros de siempre: León Gieco, Carlos Núñez, Raúl Lavié o Mercedes Sosa. Admiro a quienes se animan a cruzar fronteras estilísticas y transmiten la música como una experiencia vital, más allá de los géneros.
Fuente: entrevista periodística a Edgar Ferrer en Primicias YA, A24.



